¿Porqué a los caldenses nos cuesta tanto protestar?
Cuando uno protesta está expresando el desacuerdo ante eventos, situaciones o políticas y de alguna forma espera que esa manifestación de inconformismo, ayude a cambiar aquello que la originó. ¿Acaso en Caldas siempre todo anda bien? ¿Vivimos en un paraíso dónde siempre estamos de acuerdo y los funcionarios públicos siempre hacen bien su trabajo? ¿No tenemos nada porqué protestar?
Es posible que pensemos que no necesitamos protestar ya que vemos a nuestras instituciones como entes muy fuertes, que funcionan bien, nos escuchan y nos protegen; qué seamos el tercer país con más inequidad en el mundo, la corrupción e impunidad rampante con las que convivimos y el hecho de que hasta nuestro más afamado expresidentes dude y ponga en tela de juicio nuestra institucionalidad; son solo hechos aislados que no tienen nada que ver con la solidez de nuestro estado.
Quizás nos falta imaginación y no encontramos formas de protestar; no sabemos que pueden hacerse foros, cartas, marchas, plantones, discursos callejeros, canciones, actividades artísticas o deportivas, pancartas y campañas virtuales. Y si tengo dudas sobre nuestro déficit de creatividad, estoy seguro de que carecemos de la enjundia que se necesitaría para realizar actos de desobediencia civil; Dios nos libre de bloquear vías o de hacer acampadas, paros laborales y mucho más de negarnos a pagar impuestos (no importa que se los estén robando) y que nos caigan las 7 plagas si nos atrevemos a hacer desnudos públicos (como en los desfiles de esos “marihuaneros” que vienen a nuestro festival de teatro; eso si, hay que promocionarlo porque significa cultura, pero sin mezclarnos con esos teatreros).
Tal vez nuestros límites no han sido probados aún y estamos esperando una ocasión especial, digna de nosotros; una verdadera vulneración de nuestros derechos (15 días sin agua no es nada, más de 30 muertos en un deslizamiento no nos conmueven); entonces, tal vez decidamos realizar un acto de protesta que esté a nuestra altura; por ejemplo una inmolación masiva, en donde las luces de la explosión se vean en toda Colombia y compartamos la misma alegría que sentimos cada año con los juegos pirotécnicos de la Feria de Manizales que nos regalan nuestros insignes dirigentes.
¿Será posible que nos falte identidad como sociedad y no somos capaces de enfocarnos hacia un objetivo que nos una? Los caldenses compartimos el mismo territorio, idioma y origen. ¿Pero quiénes somos los caldenses, cuáles son nuestros valores, cuál es nuestra visión del mundo, qué tareas tenemos como comunidad? Somos antioqueños cuando nos conviene; al fin y al cabo esa es nuestra esencia; pero si necesitamos que otro árbol nos de sombra, nos convertimos en cafeteros, (eso si, saltamos por encima de Pereira; que no digan que somos hermanos, aunque sea verdad) y sacamos pecho cuando hablan bien del eje cafetero. Nuestra identidad cultural y social permanece en un vaivén esquizoide que no nos deja definirnos. Y todo lo hacemos de forma hipócrita, porque en el fondo despreciamos y tememos lo nuevo, lo foráneo y eso nos impide mirar hacia fuera; casi siempre estamos encerrados en nuestras montañas, hablando de nuestro supuesto rancio abolengo (que me sabe a eso, a rancio) y debatiéndonos entre nuestra soberbia y nuestra depresión, sin saber quiénes somos, ni para donde vamos; por eso cerramos nuestros ojos y tampoco vemos hacia adentro, porque no soportamos nuestra imagen. Y es con los ojos cerrados y deprimidos que nos abandonamos a nuestra suerte, que no nos importa si no hay carreteras, porque no queremos salir ni que nadie venga; que nos vale nada cuantas veces se han robado el departamento, es preferible seguir trabajando para los corruptos que aceptar que hemos sido estúpidos e ingenuos; es mejor culpar por los muertos de los deslizamientos a la naturaleza difícil del territorio donde decidimos construir nuestros pueblos y no asumir que tal vez estamos equivocados y cohonestamos la desidia de nuestros funcionarios públicos. Y a esa aceptación inmóvil del destino que nosotros mismos fabricamos, la llamamos reciedumbre, cuando no es otra cosa que resignación, pues no creemos merecernos algo mejor. Y a ese silencio ante todo lo que nos ocurre lo llamamos respeto y tolerancia y sólo es sumisión en su máxima expresión; una identificación enfermiza con aquellos que han abusado de nosotros por decenios, hasta el punto de agradecerles cuando en algo palian los efectos de sus desmanes. Esa resignación y sumisión ha sido el terreno propicio para la creación y desarrollo de los call centers en Manizales y de pronto sirva para que en el recién nacido TLC con Estados Unidos (que en la fábrica de pilas Varta parece haber cobrado su primera víctima), nuestra Manizales se convierta en la capital mundial de las maquiladoras, ya que el titulo de capital mundial del agua lo hemos perdido.
Por este rumbo que llevamos, si en mil años aún tenemos mundo, los arqueólogos del futuro llegarán a lo que fue Manizales y podrían encontrar miles de cadáveres petrificados por la lava; no con facies de terror, ni huyendo; nos hallarán tranquilos, casi melancólicos, sentados en la sala de nuestras casas, durmiendo, arrodillados en los templos, unos muy pocos en el escenario donde se jugaba fútbol y muchos con aire estoico, mirando por las ventanas hacia el oeste, como estatuas griegas, o mejor greco-caldenses, bebiéndonos el último atardecer luego de que a pesar de las múltiples advertencias sobre una posible erupción de nuestro amado volcán nevado, nuestros dirigentes decidieron no hacer, ni decir nada. Y nosotros tampoco.
Acuarela Manizales (Si alguien sabe el autor le agradecería la información)


























Idénticos los uruguayos: a pesar de nuestra cercanía con Argentina donde sí saben protestar, cortar rutas, salir a cacerolear, nosotros nos mantenemos en la sumisión de acatar nuestro destino...casi parsimoniosamente.
El tiempo nos está haciendo cambiar, las circunstancias también...pero aún la gran masa de uruguayos especialmente quienes viven en la zona rural le dicen amén a la vida, sin más...
Es increíble las coincidencias y para estas caracterologías de la sociedad las distancias o cercanías poco influyen ¿no?
Un abrazo amigo, que alegró muchísimo volver a leerte.