¡ Escuchad, deteneos y oíd !

vuelven con sus cascos retumbantes

escondidos en una osea polvareda,

a coces y mordiscos se abre paso la manada.

Retorna su estampida delirante,

decenas de ollares dilatados,

sus ojos midriáticos y estrábicos

empañados por tufos sulfurosos.

Con relinchos y rebuznos de hocicos espumantes

celebran en su establo,

la casa de las leyes,

se aclaman a si mismos estercolando sus paredes.

"Estampida" Nieves Arozqueta