Matarlo todo, para vivir;

asesinar la mariposa revoloteando en mi pecho,

la que me saca estúpidas sonrisas.

Que ardan las naves que iluminan la victoria,

y en una vuelta de los dados

ganar los mares de la luna.

De nuevo mi alma arrodillada,

con su cogulla de fuerza (franciscana, por si las dudas),

vencida, sin rienda y sin montura.

 

 

Hombre vencido V. Tartilan