Un campesino llega cabalgando,
se quita el sombrero, me extiende su mano;
me pide que monte en su caballo roano.
Subiendo a la grupa lo tomo del brazo,
luego entre guaduales vamos galopando,
pájaros del monte nos abren el paso
y fríos arroyos cantan susurrando.
Al fin una casa de bahareque blanco,
donde nueve niños saludan saltando,
sus caritas sucias, con los pies descalzos;
me llevan ansiosos a un oscuro cuarto,
veo sobre un catre a su madre de parto.
Con agua caliente en ollas de barro,
trapos bien lavados con olor a campo;
entre risas y lagrimas asisto a un milagro.
El llanto del niño ya se va calmando,
al sentir abrigo por estar mamando;
el padre me trae un café cargado,
hervido con leña, entre dulce y amargo,
remedando la vida del que está empezando,
recordando la mía que se está acabando.
Lo tomo de un sorbo y me voy caminando,
me adentro en la niebla y despierto llorando.

"Bosque de niebla " Juan Bernal